Llevaba exactamente 54 días sin correr. No, no he corrido por el pasillo de casa, además de mantener algo aún la cordura, mi fisio me ha dicho que no haga el gilipollas. Tampoco tengo una cinta de correr ni un rodillo. He sobrevivido todos estos días mirando por la ventana, con mucho teletrabajo, algo de HIIT, algo de fuerza y mucha cerveza.

No, no he salido a las seis de la mañana. Estaré confinando, pero aún así tengo mis principios, y levantarme temprano no es uno de ellos. En fin, que entre una cosa y otra, pues que se me ha hecho tarde. He salido a las 22:00 y la verdad, ha sido raro. La primera sensación siguió siendo la de estar haciendo algo clandestino; la segunda sensación, mientras el GPS pillaba señal, fue la de decepción al ver al primer grupo de colegas con su litro bajo el brazo.

Fueron 5 km en los que se mezclaron un sensaciones agridulces. Me gustaría deciros que lo disfruté pero me sentí incomodo la mayor parte del tiempo. La distancia de seguridad, el poco espacio, cruzarte con grupos de 8 o 10 personas, los grupos en los bancos, el ni siquiera plantearse respetar algún tipo de distanciamiento, los chavales con sus colegas, los que no entendieron que lo del “deporte” era individual y que el paseo no consistía en quedar… en fin, que no me sentí cómodo. Supongo que cada uno tendrá su opinión al respecto pero ayer la sensación que tuve es la de “nos suda la polla todo”.

En lo físico, me sorprendió positivamente y os diría que ni tan mal (bueno, hoy igual lo noto un poco). Los entrenos de salón se ve que algo ayudan. Eso sí, el ritmo fue bastante superior al que pensaba (tampoco os penséis que iba a 4:10). Tal vez a las 6 a.m. o tal vez en un mes, pero desde luego, ayer, la sensación de libertad que buscaba fue de todo menos eso. Es evidente que ayer todos queríamos nuestro cachito de normalidad, pero igual nos llevamos un trozo demasiado gordo de anormalidad.

Felices agujetas. Tal vez debamos celebrar cada 3 de mayo el día de las agujetas, alguno no había sentido esa sensación en años.