La San Antón y yo teníamos una cita pendiente desde hace mucho (11 años o así ¿no Rafa?). Siempre me la han vendido como una carrera especial por el público, las antorchas (este tema nunca fui capaz de visualizarlo muy bien) y el precio. Ha pasado tanto tiempo que hasta han ido cambiando algunas cosas: ahora se pagan 3 euros (todo un locurón), hay sistema de cronometraje (bueno, el sistema este igual hay que revisarlo, porque entre el corte de luz y que parece que no da tiempos netos) y la carrera se disputa en fin de semana y no el día que marcaba el santoral (turismo runner). Pero bueno, este año con el #12meses12carreras y teniendo en cuenta que era un fin de semana tonto, ahí estaba yo, en Jaén, dispuesto a participar en la XXXVI Carrera Urbana Internacional Noche de San Antón, el fin de semana que llegaban las lluvias a toda España.

Se ve que tengo un gusto refinado porque acabé en el mismo hotel que los élite (teniendo en cuenta que la oferta hotelera de Jaén es limitada, tampoco era muy difícil). Así que mientras los chicos le daban a la pasta (ni una salsita para que entrara bien), nosotros le dábamos a una cervecita. Lo peor era la cosa en cuanto a tiempo pintaba mal, bueno, mejor dicho, muy mal.

Y entre la lluvia y una vuelta por el centro bajo el paraguas, nos metemos en la hora de la “carrera de los niños” y se va la lluvia. A las 19:00 sale la chavalería calle abajo para marcarse sus 4km, ya con las calles llenas de corredores.

Ni se les ve

En fin, que a falta de veinte minutos para la hora de salida había que empezar a correr para entrar en tu cajón si ya no estabas dentro. Esto valió para hacer el calentamiento o pillarse el primer calentón ¿Tú cajón? Puff intenta ponerte delante o no vas a poder correr mucho. En realidad tampoco es que estuviera en uno de los últimos cajones pero sí, es una salida compleja (no esta especialmente bien indicada y mis guías locales tampoco es que estuvieran especialmente inspirados. En cualquier caso, una vez dentro de los cajones y reagrupados es cuando comenzó el baile… ¡Todos hacia atras por favor todos hacia atras…! Al parecer la gente estaba demasiado adelantada al lector de chips que aquí para complicarlo un poco más no es la típica alfombra a la que estamos acostumbrados. Vamos, que al pasar por el arco ibas hasta estrasao pa darle al start.

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Tras es pistoletazo de salida a manos del alcalde, correr lo que se dice correr, de primeras, pues no. El avance de la masa era torpe y encontrar hueco una misión casi imposible hasta mitad de carrera. Hasta la primera subida tienes 2 km de bajada y sabiendo lo que venía después, tenías una mezcla entre runner de paseo y corredores algo más preocupados por avanzar como fuese; con todo, la salida, mirando el parcial tras la carrera, fue más rápida que la sensación que tenía en carrera. Curioso el tema del túnel, puedes hacerlo por dentro (bajando para volver a subir, todo por dar los grititos esos que tanto os gustan) o por el lateral, para seguir saludando al público.

Y en el tres, giro a la derecha… ¡su puta madre! la avenida de Madrid, una subida que se hace bola y en la que no se atisba el final. Una vez arriba, ya vas calentito buscando la segunda subida seria, el Barranco de los Escuderos. Yo que como siempre me preparo mucho esto de las carreras, seguí los maravillosos consejos de Carles Castillejo en su vídeo análisis de la carrera (brutal) y empecé a regular cuando llegué a las mismas pulsaciones que él (del ritmo creo que mejor no hablamos).

Una vez estas arriba, ya que había ido pues yo que sé, me dijeron que ya era to pa bajo… así que me dejé caer. Acostumbrado a las correr en el ranódromo madrileño, Castellana pa rriba Castellana pa bajo, lo de subir y bajar, calles estrechas, curvas y… público, sí público! Es toda una experiencia. Desde que coronas en el 5 hasta que bajas, supongo que porque vas menos ahogao es una carrera disfrutona, entre las antorchas y lo poco iluminado que está algunas veces el recorrido. Eso sí cuando ya parece que has acabado y enfilas la avenida de Andalucía, toca sufrir un poco más… ese tramo parece que no acaba.

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En definitiva, una carrera que merece la pena vivir: tradición (carrera, antorchas, lumbres, rosetas…), toda la ciudad en la calle, un recorrido que te mide, es a las 8 de la TARDE y eso siempre mola, y cuesta 3 euros… También os digo, pegas tiene y tiene bastantes pero… cuesta 3 euros.

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El último clasificado de este año